Bienvenido a nuestro cajón de sastre


Efectivamente, este es nuestro cajón de sastre. Aquí iremos poniendo todo aquello que no tenemos integrado en los demás menús. De momento podeis disfrutar de Entrevistas, Podcasts y Artículos que iremos colgando a medida que podamos. Ya podeis ir disfrutando de las buenas entrevistas realizadas por nuestro Jabez Wilson particular, Luís de Luís y de algunos podcasts que hemos recuperado por ahí, alguno de ellos realmente importante y difícil de conseguir. ¡Pasen y vean!

06.04.2018

Entrevista a Alejandro Castroguer

“De pronto la realidad te pare sin cesárea”

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Y avisó con un relato que la cosa iba, como la vida, en serio y así, hace apenas unos meses, Alejandro Castroguer entrega, acribillado de literatura, “Sherlock Holmes y el caso de los 8 estómagos”. Novela tan catárquica como intelectual, tan emotiva como calculada (que no calculadora), tan personal como nrcesaria, tan arriesgada como, aunque no lo parezca, tradicional. 

Castroguer planta cara y responde, impasible el ademán, a los cargos, denuncias y delaciones.

Con todos ustedes …

“¿Alguien recuerda a Vera Lynn?” pregunta en su cuento de la antología “Irregulares de Baker Street”.
Por desgracia muy poca gente. Muy pocos recuerdan, no ya el cuento pseudoholmesiano que cita; le peor es que tampoco a la hermosa Vera, en su día conocida como “The Forces’ Sweetheart” (la novia de las fuerzas armadas). Muy pocos recuerdan la Segunda Guerra Mundial.

¿Y?
El olvido anticipa o propicia la repetición de los errores de antaño.

“Yo era alguien especial o eso creía entonces” dice uno de sus personajes.
De alguna manera es lo que uno piensa cuando crece, o lo que piensan quienes no se han convertido aún en cretinos ntegrales al final de la adolescencia. Era lo que yo pensaba al menos. Pero de pronto la realidad te pare sin cesárea, y ya no eres quien creías que eras, sino lo que alcanzas a ser en mitad del naufragio tras romper aguas.
 
Su primer mandamiento es buscar (y encontrar) una prosa, si me permite, cuajada: válida por sí misma, insustituible, perfecta…
Es una búsqueda no lo suficientemente valorada hoy en día, casi un anatema que estigmatiza tus obras para según qué lectores. Soy un vegano en mitad de un banquete de ruidosos omnívoros. No ya a seguir sus preceptos, hay muchos que se niegan a comprender la poesía y el veganismo.

Le gusta la reflexión sobre el hecho literario y la creación de la obra en sí. Usa y no abusa de la metaliteratura…
El anverso y el reverso. O como dice el Segundo Principio del Kybalión, el de la Corrrespondencia: “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”. Mientras escribo, vivo los personajes. Lo mismo que mientras que viven los personajes, me escriben. Imagine, por un momento, lo que sería una biografía de Conan Doyle escrita por John Watson. ¡De la de cosas interesantes que nos enteraríamos!

Le he leído lo siguiente: “Para llegar a un lugar, hay que caminar de espaldas por los mismos pasos ya dados.”
Muchos caminan de frente, a veces abriendo nuevos caminos, y desconocen que se acercan a un precipicio. En ocasiones es mejor hacerlo de espaldas y por una senda ya hollada con anterioridad. ¿O era justo lo contrario de lo que pretendía contestar? Ahora no sé si he llegado al final de la respuesta o al inicio de la pregunta.

“Holmes y el caso de los ocho estómagos” es una historia de infancias y desaparecidas. El mundo del circo representa la nostalgia de paraísos perdidos…
Necesitamos de la nostalgia para sobrevivir. Arrastramos demasiados paraísos perdidos a nuestro paso como para no sucumbir y desfallecer. La nostalgia nos sostiene, nos da fuerzas en estos momentos de extenuación. Hay quienes volvemos a ser nuestros propios hijos en la carne de nuestros hijos, a tiempo parcial, y también en los libros de Jules Verne, las añejas películas del Oeste o la colección de bolsilibros, a tiempo completo.

El Museo, el jardín Botánico de Montpellier son remansos de paz en una novela frenética.
Cuadros y plantas, naturalezas muertas y pura naturaleza para dejar espacio a que la trama respire y que los misterios se escancien en la memoria del lector. Es exactamente eso. Además, por si no fuese bastante, he de añadir que son dos escenarios claves en el ocio y el turismo de la ciudad. Conociendo los gustos refinados de Holmes, éste les regalaría una buena nota en el Tripadvisor.

Su Sherlock Holmes vuelve de la muerte muy humanizado, necesitado de compañía y, en cierto sentido, más humilde y un poco banal…
Me han dicho que su relación con Musca, una adolescente, casi paternal, no es muy creíble. Pero tampoco lo son ni el Antimundo ni los Usurpadores, ¿o sí, y quienes no son creíbles son los que ponen en duda todo? A quién le importa, salvo a Conan Doyle, y ya no puede protestar. La excusa era revivir al famoso personaje y abonarlo con algunas de mis pasiones. Holmes respeta a Musca de la misma manera que desprecia en voz baja a Sholmes o a Navarrais. Quería llenarlo de luces y sombras, no sólo de viejos automatismos.

La compañía de Hemlock Sholmes, por otra parte, le supone mirarse en un espejo del Callejón del Gato, la relación entre ambos, por otra parte, evoluciona a lo largo de la novela es una relación muy Nigel Bruce / Basil Rathbone.
Es, como muy bien apunta, una relación casi parásita. El bufón que no se separa del autor que lo ha engendrado. Una sombra que persigue un cuerpo. Por supuesto, de una parte Nigel Bruce, casi una caricatura del Dr. Watson: el espejo del mismísimo Herlock Sholmes. Y de otra, Basil Rathbone, un patricio romano escondido tras una pipa y un deerstalker demasiado reconocibles. De todo ese juego bebe la relación entre el detective de Saint Sepulcre y el impostor.

Para narrar los “Ocho estómagos” escoge un narrador omnisciente que le permite ir de un lado a otro de la novela… Buena elección…
No quería repetir el esquema consabido del Canon. Necesitaba otra óptica, otra toma de cámara. No sé si he acertado, pero es lo que necesitaba. Además, no podía usar la voz de Watson.

El libro como objeto, para usted también narran las portadas, las contraportadas, los grabados victorianos y las páginas en negro… todo narra. Y sobre todo narran la tipografía, usted usa una inequívocamente holmesiana, la de los bailarines.  
Un viejo truco que debemos a la mente privilegiada de Alberto López Aroca. Fue él quien puso voz a un pensamiento que yo había desdeñado por cobardía: hacer que todo el conjunto hablase por sí mismo. De modo que he de agradecérselo, a él y a Miguel Ángel Villalobos por una edición tan primorosa.

En la novela hay una reflexión sobre el lenguaje, sobre la gramática sobre lo que guardan y ocultan y exhiben, sobre quien es el dueño de las palabras… De hecho, hay conciencia del personaje de serlo eso es muy Tristam Shandy, muy unamuniano.

Esa es la doble lectura. Forzar los límites no sólo del olfato de nuestro caro detective, sino también la del futuro receptor del mensaje. Los personajes son en tanto son imaginados, lo mismo que lo es el lector en tanto lee. En la trama convergen de alguna manera dos planos, dos perspectivas. Sterne, Unamuno, Calvino, Borges, Pessoa, cierto: todos esos demonios con que sueño cada vez que sueño que escribo como ellos. ¿Qué no daría por ser uno de sus personajes? Imagine que ellos me han escrito y yo ahora, en esta entrevista, los cito con motivo de una novela que no existe más que una de sus obras perdidas. O vayamos más allá: que es usted de alguna manera, con sus preguntas, quien responde por medio de mis paranoias.

Ya puestos ¿Quién escribe al Dr Watson?

Creo que era Conan Doyle, al menos en cuanto al Canon se refiere.

El que ha de crear tiene siempre que destruir es un lema que recorre la obra.

Edificios que demoler antes de levantar nuevos cimientos. De alguna manera es lo que hace todo artista que se precie: crear sobre lo asimilado y destruido, o superado. Llámelo como quiera, sacrificio, abono… pero ese sustrato ha de permanecer como base a todo el andamiaje con que vas a poner en pie tu idea.

Más Verdi y mas Tchaikovski es otro lema que campa por la novela

Es que, por mucho que me gusten “Otello” o “Falstaff”, me identifico más con el drama que bucea bajo “El lago de los cisnes” o en su “Sinfonía Patética”. Es más, algún día demostraré que Doyle también era más tchaikovskiano que verdiano.  

El Antimundo está aquí al lado, debajo de la página.

Dentro de cada persona, de cada muestra de odio, de todo lo irracional, de cuanto aleja a los humanos de su esencia animal y lo acerca a su raíz humana. Todos nacemos con el Antimundo.

Es bastante más difícil escaparse del subconsciente de lo que se cree

Hay personas cuerdas que no lo consiguen nunca, yo aún ando en tratamiento para lograrlo. En tanto no lo consiga, seguiré escribiendo.

En la última parte de la obra es un carrusel o, mejor, una ruleta de narradores: el narrador omnisciente, Holmes, incluso Watson (Gloria Scott) Evidentemente “Sherlock Holmes y el caso de los 8 estómagos” es mucho más que una novela policiaca… ¿qué es?
No sabría explicar cómo surgió todo. En qué extraño mar antimundano me sumergí para emerger de esta parte deformada de la realidad. Tal vez de la necesidad de contestar con cierto garbo a preguntas tan exigentes como éstas. O de la necesidad de creer que soy algo más que un lector de las aventuras de Holmes, acaso un remedo de Conan Doyle algo desquiciado, neurótico. Sólo espero, después de tanto doblez y matiz, que la obra sea bebida con la sed del sediento y no con la del borracho que se despide del mundo porque ya lo ha leído/vivido todo.


Luis de Luis Otero a/k/a Jabez Wilson para el Círculo Holmes

Admin - 16:22:11 @ ENTREVISTAS



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