Círculo Holmes
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Efectivamente, este es nuestro cajón de sastre. Aquí iremos poniendo todo aquello que no tenemos integrado en los demás menús. De momento podeis disfrutar de Entrevistas, Podcasts y Artículos que iremos colgando a medida que podamos. Ya podeis ir disfrutando de las buenas entrevistas realizadas por nuestro Jabez Wilson particular, Luís de Luís y de algunos podcasts que hemos recuperado por ahí, alguno de ellos realmente importante y difícil de conseguir. ¡Pasen y vean!

17.05.2017

Entrevista a Daniel Tubau

“Hay algo que siempre cambia en Holmes y algo que siempre permanece”

Con su libro No tan elemental, cómo ser Sherlock Holmes Daniel Tubau ha escrito un libro –en todos los sentidos– único. Es, en última instancia, un viaje a las entrañas y recovecos de la mente del detective  y, como todo viaje que merezca la pena, está cuajado de cunetas, meandros, sentidos y carreteras secundarias. Es un viaje que va a todas y a ninguna parte. Es un viaje que no acaba (ni debe) acabar nunca y así lo cuenta Tubau.


Iniciamos la conversación pero usted desconfía de las palabras que nos guían por tópicos, entrañan vacíos, limitan  el conocimiento. Son, en definitiva, una trampa…
Es cierto, yo diría que no solo las palabras, sino también los conceptos e incluso las ideas (o los memes, si aceptáramos la terminología de Dawkins y Blackmore). En especial, lo que más limita son las definiciones y las categorías o clasificaciones. Es curioso porque, a pesar de mi desconfianza hacia las definiciones, en casi todos mis libros hago en un momento dado una especie de búsqueda de definiciones y etimologías. Lo hice en Elogio de la infidelidad con el término “fidelidad”; en Nada es lo que es, el problema de la identidad, con “identidad”, en Defensa perfecta de la imperfección con “perfección” y en El gran libro de la estrategia con “guerra” o “estrategia”, entre otros ejemplos. Pero lo hago con dos intenciones, me parece.

¿Qué son?
En primer lugar, para dejar claro de qué estamos hablando: “Yo entiendo por fidelidad esto… pero no afirmo que fidelidad sea esto…. así que ya sabe usted, querido lector, a qué me refiero cuando emplee el término”. El segundo sentido en el que recurro a las definiciones a pesar de desconfiar tanto de ellas es que creo que en muchas de esas palabras aparentemente positivas, como fidelidad, perfección o identidad, se esconden ideas y obsesiones que considero muy negativas.

Entonces, ¿no seguimos?
Claro que si aunque creo que es verdad todo lo anterior y que las palabras limitan el conocimiento, también es cierto que sin palabras, e incluso sin definiciones, tampoco puede existir siquiera el conocimiento. Yo soy quizá partidario de la teoría de Tarsky de la verdad: “La hierba es verde” es verdad si la hierba es verde.

¡Gran verdad!
La verdad, la modesta verdad, es la correspondencia entre una expresión lingüística y una observación empírica: “Veritas es adaequatio rei et intelectus” (La verdad es la correspondencia entre las cosas y lo pensado (o expresado), como decía Tomás de Aquino.

Su  libro, en el sentido más montaigniano  de la palabra es asistemático , derivativo y deshilachado…
No me ofendo, todo lo contrario: es un elogio para mí, y más si me comparas con Montaigne. Por cierto, habría que investigar el aspecto sherlockiano de Montaigne, que era un gran observador, al menos de sí mismo. Sin embargo, también debo decir que es uno de los libros más organizados, y no sé decir si sistemático, que he escrito.

Pues es un libro abocetado e inacabado…
Ahora bien, es cierto que es incompleto, por un lado, por el tema en sí, por lo inabarcable del propio Holmes y del arte de la deducción y, por otro lado, porque he observado, de manera especial ahora que estoy terminando un ensayo acerca de El arte de la guerra, de Sunzi, que en mis libros acabo por ocuparme de todo, sea cual sea el disparador: a veces Sunzi, a veces Holmes, a veces una teoría del guión.

Parafraseando: “Nada humano le es ajeno”
Como dicen los místicos new age (cosa que yo no soy): “Todo está conectado” y escriba de lo que escriba acabo por escribir acerca de todo. Y claro, al final todo se me queda a medias. Por otra parte, y esto sí que es un propósito consciente en casi todos mis libros, intento siempre dejar espacio al lector y muchas veces sugerirle o señalarle lugares a los que puede dirigirse una vez terminado mi libro.

Por otra parte, y esto es también muy montaigniano, su libro no acaba nunca 
Buena observación. Así es. Siempre me gusta que lo que escribo esté vivo. Hace mucho tiempo hice mío un lema del ilustrador (La Divina Comedia, Don Quijote, El paraíso perdido, Les contes drolatiques de Balzac, Gargantúa…) Gustave Doré que en su insaciabilidad decía: “Yo lo ilustraré todo”. Yo lo adopté durante la adolescencia, aunque, dado que soy mal dibujante, lo cambié por: “Yo lo pensaré todo”, que se debe entender en el sentido de “Pasaré todo por mi sensibilidad y mi reflexión”. Y en ello estoy, pero creo que no me dará tiempo, y también eso quedará incompleto.

En su blog lo reinicia e reinterpreta una y otra vez…
No me gusta solamente pensar, sino pensar sobre lo pensado: modificarlo, corregirlo, refutarlo. Tengo un libro que se llama Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Pues bien, ahora ya busco excepciones a las excepciones en el blog dedicado al libro. Aunque puede sonar un poco narcisista y egotista: me gusta discutir conmigo mismo. Mi yo de ahora discute con el de antes de ayer o con el de hace veinte años.

El pensamiento, la figura de Francis Bacon están presentes en todas las páginas de su libro…
Siempre he sentido una gran admiración hacia Francis Bacon, un pensador hoy en día muy poco apreciado. Cuando leí sus libros descubrí que el retrato que se hace de él como un empirista simplón obsesionado por la recopilación masiva de datos no se ajustaba a la realidad. Es obvio que como Holmes quería datos y más datos, porque  no se puede hacer ladrillos sin arcilla ni ciencia moderna sin los miles de datos que se empezaron a acumular bajo la inspiración de Bacon. Pero Bacon también daba importancia a la teoría y criticaba los errores tanto de los empíricos puros como de los dogmáticos puros. Creo que su Novum Organum es una lectura todavía tremendamente estimulante y llena de ingenio y hallazgos, y es obvio que tanto Conan Doyle como Sherlock Holmes lo leyeron con fervor.

Zadig de Voltaire, las fabulas persas, el episodio de Daniel en la Biblia advierten alumbran, anticipan a SH como arquetipo.
En efecto. Conan Doyle y antes que él Edgar Allan Poe dieron forma precisa y completa a algo que ya estaba ahí de manera dispersa, pero que también es un preludio (demasiado prolongado, por cierto), que antecede a la ciencia. Pensadores como el sinólogo Angus Graham o Herbert Fingarette han mostrado que lo habitual en todas las culturas es el pensamiento narrativo, el llamado storytelling; o bien el llamado pensamiento correlativo, además de cosas como el argumento de Autoridad o el ad hominen. Pero lo menos frecuente es el pensamiento que establece relaciones de causa y efecto verificables (o falsables si seguimos a Popper), como debe hacer por fuerza un detective para solucionar un caso, un científico para resolver un enigma de la naturaleza o un médico para curar una enfermedad.  Según Fingarette, ese recurso a buscar indicios que llevan a hipótesis, que llevan a observaciones o experimentos y comprobaciones se encuentra básicamente en las tres culturas principales del llamado período axial, en China, la India y Grecia/Europa (donde debemos incluir tanto a ciencia cristiana como la musulmana, herederas de la grecolatina).

Hasta que este pensamiento cristalizó
Si, para que este pensamiento se sistematizara tuvieron que pasar muchos siglos, quizá, como digo en el libro hasta la fundación de la Royal Society, aunque ya muchos artesanos lo habían anticipado, como Bernard Palissy o en cierto modo Paracelso en sus mejores momentos, además de los griegos, en especial, me parece, en el período helenístico, tan injustamente menospreciado. La aplicación de esos métodos al terreno del crimen o a resolución de enigmas y misterios por personajes como Daniel, Zadig o el juez Di de la dinastía Tang china resulta muy interesante. Da la impresión, al leer las hazañas detectivescas de Daniel, que ese tipo debió ser protagonista de muchas más historias, que no se han conservado.

Dice el estudioso sherlockiano Zack Dundas que Conan Doyle (o, si así lo prefiere, el Dr. Watson) solo originó a Sherlock Holmes, desde entonces somos los demás quienes le estamos creando…
Ese es un tema bien complejo. Es cierto en gran medida, y se puede decir de Holmes lo mismo que dijo Nietzsche (o quizá fue Goethe, o quizá fue Goethe adaptado por Nietzsche): “Cada época crea sus griegos”. A partir de esa verdad, sin embargo, creo que se puede matizar mucho, o al menos algunos aspectos. Salvo alguna excepción, creo que los cuentos atribuidos a Conan Doyle siempre son, si no más interesantes, sí especiales, y aunque me gustan algunos pastiches y algunas versiones acerca de Holmes, sigo viendo en esos primeros cuentos y novelas algo especial. Es subjetivo, por supuesto. Pensemos en Shakespeare. De vez en cuando se añade al canon shakesperiana alguna obra, como Enrique VIII, y podemos estar más o menos de acuerdo en ello y detectar la esencia shakesperiana aquí y allá en esa obra, pero también a veces se sugieren otras como el Cardenio, y en este caso, al menos yo, apenas veo a Shakespeare por algún lado, a pesar de que lo leí con toda la intención de encontrarlo. En fin, empiezo a divagar.

Siga…
Lo que quiero decir es que no sé si Conan Doyle o Watson crearon una figura y a partir de ahí ya nos pertenece a todos, pero también es cierto que esos trazos originales de las 60 obras destacan sobre cualquier construcción posterior. Hay algo que siempre cambia en Holmes y algo que siempre permanece. Y cuando no permanece nada, entonces es que no es Sherlock Holmes, sino una excusa o una etiqueta sin contenido. Podemos reconstruirlo hasta cierto punto, pero ahí siguen sus colores originales, aunque no todos los veamos de la misma manera.

De alguna manera su libro solo pretende –nada más y nada menos-  deconstruir, desentrañar a Holmes usando, por así decirlo, sus propias armas.
En efecto, y cuento con sus propias armas porque él quiso que así fuera. Además de revelar sus métodos en algún librillo escrito de su propia mano, que lamentablemente se ha perdido o alguien lo tiene escondido en algún desván, también rechazó siempre ocultar sus métodos y le contó a Watson sus secretos, a pesar de que se daba cuenta de que así sus logros parecían menos asombrosos.

En última instancia, Holmes es, para usted, un gran lector de la realidad…
Alguien ha definido el universo mismo como un lenguaje, y no le falta del todo razón, aunque quizá no se deba tomar la metáfora en su estricta literalidad, como hacen algunos místicos musulmanes y judíos: Dios escribió un libro que es el universo y nos creó a nosotros para que, al leerlo, ayudáramos a Dios a conocerse a sí mismo. Otros, más extremos o más bibliófilos, decían que el Libro estaba allí y que  Dios lo leyó.
En fin, supuesta la existencia de un lector (o de dos, si es cierto lo de Wittgenstein de que no existe un lenguaje privado), todo lo que existe es un lenguaje.

Que Holmes descifra o traduce
En su profesión, Holmes debe convertirse en un lector absoluto, porque no solo cuenta con las palabras que ya conoce, sino que debe descubrir nuevas palabras y signos que quizá nunca se habían empleado. En el libro comparo la Teoría del Signo de Saussure y la de Charles Sanders Peirce, para concluir que Holmes es más peirciano, pues para él existen tanto signos intencionados como no intencionados. A cambio, también demuestro que el gran Charles Sanders Peirce también era holmesiano, quizá hasta pariente cercano de Sherlock y Mycroft.

Para hacer inteligible la realidad, para llevar a cabo ese desciframiento Holmes es  un traductor que utiliza todos los saberes a su alcance…
Así es, Sherlock Holmes no es un lector simplemente intuitivo, sino que es plenamente consciente de que debe estar al tanto de todos los métodos de investigación, y al corriente de todos los avances científicos que se relacionen con su profesión (y eso significa casi todos los avances). Como nos muestran los filósofos de la ciencia, los hechos puros raramente o nunca existen: son hechos si sabemos observarlos y, a menudo, incluso es necesaria una teoría, no siempre formulada de manera explícita o consciente, para saber que eso que estamos viendo es un hecho, un hecho relevante. De ahí la insistencia de Holmes en saber mirar, en ver lo que otros no ven.

Desde este punto de vista su Desván mental  sería su diccionario…
Suponemos que será su diccionario y el conjunto de reglas de la gramática y la sintaxis, un conjunto que debemos imaginar complejísimo, pues engloba, como decíamos, todas las ciencias conocidas y los métodos de análisis. El problema, supongo, es cómo buscar en ese diccionario. No sabemos cómo lo hacemos exactamente, y el filósofo John Searle imaginó un desván mental en el que un chino manejaba el diccionario, cambiando los signos que le enviábamos por otros. Aunque el experimento mental de la habitación china se empleó en Inteligencia Artificial, en principio para refutar la materialidad de la consciencia, según creo recordar, también muestra, me parece, que la búsqueda en ese desván holmesiano debe ser como la de Google: semántica, en vez de jerárquica o alfabética como la de un diccionario al uso. Pero Holmes también recurría a almanaques y diccionarios externos.

Gobernar la irracionalidad, tener en su poder la intuición, son los anhelos, o al menos, objetivos de Sherlock Holmes  ¿ Lo consigue?
Yo diría que por lo general sí que lo consigue, aunque probablemente no en todos los terrenos de su vida, aunque tampoco tiene por qué ser esa su intención. Es frecuente que juzguemos a Holmes por otros aspectos no relacionados con su profesión, como si quisiéramos disminuirlo, pero eso se nos puede aplicar a todos: el hecho de que sepamos hacer una cosa más o menos bien no impide que seamos torpes en otras. En mi opinión, en lo que se refiere a su profesión, parece lograr lo que se propone.

¿Y en la vida?
En lo otro, en vivir la vida, bueno, es posible que Holmes sea un poco débil ante la sensación de aburrimiento y que tenga algunos momentos malos en los que debe recurrir a algún estimulante, pero tampoco creo que sea un gran sufridor. Yo veo que disfruta de la vida. Y quizá el bueno de Watson exagera al describir sus adicciones. No tengo noticia, o no recuerdo, que el Holmes canónico considerara alguna vez la necesidad de ingresar en un centro de desintoxicación o similar. Este psicologismo extremo es una manía más moderna aplicada al personaje, por ejemplo en la serie Sherlock, que lo llevan hasta el exceso.

Considera que no es posible, no es bueno ser como Sherlock Holmes
Quizá me dejé llevar en ese momento por el tópico, habría que reflexionar mucho sobre el asunto. Watson o Conan Doyle nos trasmiten una imagen de Sherlock Holmes muy subjetiva, al menos en lo que se refiere al terreno emocional. Suponemos que las descripciones de las hazañas de Holmes son más fiables, puesto que se trata de contar más o menos lo que sucedió. Pero en lo que se refiere a los sentimientos, a las emociones, a la manera en la que Holmes encara la existencia, quizá, como dije antes, no tenemos datos suficientes para juzgar. Por otra parte, es cierto que Watson a veces reprueba las costumbres de su amigo, pero también exclama con admiración que es el mejor y el más extraordinario de los hombres que ha conocido, y  no parece que se refiera solo a sus habilidades detectivescas.

¿Holmes se condena a la soledad?
Holmes parece tener poca afición por la vida social, pero eso es algo que le pasa a bastantes personas, sin que eso signifique que son infelices. Yo en particular me identifico con ese rasgo y me considero más bien asocial, a pesar de que he aprendido a convivir con los demás, cosa de la que también es capaz Holmes. Y me considero una persona feliz. Me sorprendió muy agradablemente leer que alguien tan aparentemente amargado, gruñón y poco empático como Wittgenstein, al parecer dijo en su lecho de muerte: “Decidles que he sido feliz”.

Tal vez el reto de Holmes sea lograr  la epojé  que no hay que confundir con el (tan de moda) mindfulness o el  escepticismo, que no hay que confundir con el perezoso desinterés o la servicial indiferencia…
Es muy probable. La suspensión del juicio es fundamental si queremos realmente observar lo que tenemos delante.  La clave consiste en manejar al mismo tiempo el espíritu crítico y la ingenuidad o falta de prejuicios, y poder manejarlos como un malabarista, sin perder todo lo bueno que te da una y otra cosa. Holmes se distingue de los policías e investigadores de Scotland Yard porque sabe muchísimo más pero logra que ese saber superior no se convierta en un filtro que le impida ver lo que tiene delante. La intuición pura nos lleva a resbalar una y otra vez (en casos especiales como los de Holmes); un método dogmático, por su parte, a menudo impide avanzar excepto por caminos trillados. Hay que manejarse al mismo tiempo en los dos mundos. Yo también soy un gran partidario de la epojé y de los escépticos antiguos. Hace muchos años edité una revista personal que se llamaba ESKLEPSIS, es decir: escepticismo+eclecticismo.

A este respecto, viene a la cabeza el fascinante relato “La cara amarilla”. La complejidad humana, psicológica, emocional de la situación planteada en ese relato hacen más llamativo que Holmes lo “despache” como un fracaso deductivo, de alguna manera “se lo quita de encima”. Quizás no sepa acometer un problema así, quizás escoja la indiferencia emocional…
Es cierto que no es capaz de resolver el caso, pero también lo es que es uno de los ejemplos en los que no hace investigación de campo de ningún tipo. Simplemente se limita a escuchar al cliente (eso sí, después de hacer una buena demostración de sus dotes con la pipa y el sombrero) y después construye, como él mismo admite, una “fabulación”. Pero no creo que él no resolverlo se deba a que se trate de un problema de cierto calado social o emocional, por el asunto del posible racismo, sino más bien la pereza por parte del detective o a la confianza en sus propios poderes deductivos (aunque ya digo que él mismo admite que se trata de una fabulación). El cuento deja una agradable idea acerca del no racismo de Watson, que parece debemos hacer extensivo al propio Holmes.

Entonces ¿La clave está en el elegir el momento exacto en que prender y suspender la incredulidad?…
Así es, prender y suspender la incredulidad, pero a veces en el mismo instante. Contemplar en la mente las buenas razones que nos da la credulidad y las que nos da la incredulidad, hasta que podamos dar con una explicación que haga compatible lo extraordinario con lo racional, como sintetiza la célebre frase de Holmes: “Una vez descartado lo imposible, lo que queda tiene que ser la verdad”. Por cierto, muchas personas han interpretado esta frase como una carta blanca para lo imposible, cuando es todo lo contrario. Aristóteles decía algo semejante en relación con el desenlace de un drama, que se puede aplicar con mucho más rigor a una novela de detectives: “El desenlace debe ser al mismo tiempo sorprendente e inevitable”.

Holmes está “activado” 25 horas al día…
Aquí de nuevo quizá también tomamos una parte de la vida de Holmes, la de su actividad frenética en pos de la solución de un caso, con lo que en realidad hace a lo largo del día. Y aquí Watson sí que nos informa con bastante detalle: Holmes investiga llevado por su pasión y puede pasarse noches sin dormir en su laboratorio buscando un nuevo compuesto, pero también es bastante vago. En muchas ocasiones se pasa tardes enteras sin hacer nada, horas y horas desgranando notas más o menos desafinadas al violín.

Es cuando Holmes aprieta el botón de pause
En la parte final del libro propongo que otra de las profesiones de Holmes, que no conozco que haya sido señalada antes, es la de precursor del estudio de la creatividad, en lo que se habría anticipado a Graham Wallas, al menos por unas cuantas décadas. Dentro de las fases del proceso creativo, una de ellas consiste en el reposo, el olvido, el no pensar en el problema, la llamada incubación o descanso, que suele ser el caldo de cultivo necesario para que lo que hemos investigado y estudiado intensamente fermente de algún modo y de manera inesperada, como también le sucede a Holmes en varias ocasiones, se nos presente como una inspiración repentina. Holmes parece conocer la necesidad de ese descanso, de ese baño de Arquímedes en el que te olvidas de los problemas y surge el Eureka.

Por otra parte, la reflexión sobre el poder de la intuición - aparece una y otra vez en su libro.
La intuición es uno de los mayores peligros que nos acechan si queremos pensar bien e ir más allá de lo obvio. Por un lado, la intuición es imprescindible para poner en marcha cualquier investigación, y además resulta que en un 80 o 90 por cien de los casos la intuición nos da buenas respuestas. Si es así, ¿entonces porque es tan peligrosa? Porque casi siempre solo nos sirve cuando nos enfrentamos a una situación que ya conocemos.

Y no ante lo desconocido
Cuando la situación contiene elementos verdaderamente novedosos (y eso son casi todos los extravagantes casos de Holmes) entonces la intuición pierde casi todo su poder. Cuando doy clases de escritura de guión, concedo mucha importancia a los métodos creativos para superar bloqueos y dedico bastante tiempo a poner en guardia a mis alumnos contra la intuición. Son las clases más difíciles, porque todos estamos convencidos de que poseemos una magnífica intuición (en gran parte porque nunca la examinamos con verdadera atención y rigor).

Por cierto, ¿Por qué lo llamamos intuición cuando queremos decir instinto?
No sé si en el libro llegué a decir, creo que sí, que en cierto modo, como bien sugieres, la intuición es algo muy parecido, casi sinónimo, de instinto. Comparo, pero no con pretensión de que sea una teoría científica, el instinto en la vida de la especie con la intuición en la vida del individuo. Lo que a través de la selección natural se supone que se puede convertir en un instinto (como la succión del pecho materno por el bebé), a lo largo de las experiencias de un individuo se convierte en intuición. En los dos casos se trata de respuestas fundamentalmente automáticas o mecánicas.

¿Qué oculta?
La intuición, por otra parte, lleva fácilmente o esconde a menudo el prejuicio. O si se quiere es un posjuicio que extraemos de la experiencia y que se convierte después en un prejuicio ante una nueva experiencia semejante.

Es curioso que recurra a Julio Cortázar para demostrar cómo se puede (o no), se debe (o no),  subir una escalera de 17 (que no 39) escalones…
Tal vez podríamos decir que el método de Holmes se encuentra en el equilibrio, o en la zona intermedia entre subir esos 17 escalones como lo hace Watson o hacerlo como propone Cortázar: no pensar en cada mínimo aspecto implicado en subir un escalón, pero sí, al menos, contarlos.

Esa historia de cronopios y famas es solo uno más de los Huevos de Pascua que anidan en su libro…
Así es, el libro está lleno de pequeños guiños, sorpresas más o menos escondidas y lecturas más o menos dobles en algunos casos, en ciertos momentos triples. No sé si yo los recordaría o encontraría todos ahora. Creo que hice una lista, pero ya no sé si la habré perdido. Lo bueno es que un lector atento quizá sea capaz de encontrar algún magnifico huevo de Pascua que yo ni siquiera puse ahí.

Charles Sanders Pierce recorre a sus anchas, y para bien, las páginas de su libro…
Sí, tengo la sospecha de que estaba muy cerca de Holmes, como podrá descubrir quien lea mi libro. Pierce es uno de los grandes filósofos de los últimos tiempos y un tipo muy peculiar, del que todavía se están editando sus Collected Papers, en los que tengo la esperanza de que acabe por encontrarse alguna mención a Holmes

¿Por qué?
 porque resulta verdaderamente extraño que alguien  que elaboró el concepto de abducción - que es precisamente el método que Holmes más emplea en sus investigaciones, y que demostró en varias ocasiones sus dotes de detective - no mencione a Holmes. Pierce es, además, junto a Saussure y el propio Holmes el padre de la semiótica y sus ideas acerca del signo son muy semejantes.

En una ocasión, al menos, en el caso que se dio en llamar  La aventura de Charles Augustus Milverton  Holmes se deja llevar por sus ¿prejuicios? ¿prejuicios? ¿reglas morales?¿soberbia? y decide, “participa” o permite  un asesinato
Sí, este es uno de los casos más polémicos de Holmes. Se le acusa de ser  cómplice, al menos por inacción, pero no es el único caso en el que Holmes quizá puede evitar un crimen más o menos previsible y no lo hace. Se podría decir, por ejemplo, que podría haber hecho mucho más en el caso de Las cinco semillas de naranja, en vez de enviar a su pobre cliente de vuelta a casa sabiendo el gran peligro que se cierne sobre él. De todos modos, creo que muchos lectores se han precipitado al decir que Holmes es cómplice del crimen de Charles Augustus Milverton: él y Watson son testigos del crimen, pero Watson dice explícitamente que aunque hubieran querido no habrían podido evitarlo. Lo que hace Holmes es retener a Watson una vez que el inesperado crimen ya ha sido cometido: impide que se detenga a la criminal y destruye las pruebas, que es muy distinto a participar en un crimen.

Pues en la serie de televisión de la BBC…
Sí, hay una diferencia entre inacción y participación y en la serie Sherlock dan el paso de convertir a Holmes en asesino a sangre fría, lo que me parece saltarse lo verosímil en lo que se refiere al personaje. Es lo que se llama en televisión “Jumping the shark” (“Saltar el tiburón”), quebrar la identidad, romper la verosimilitud del pacto de la ficción: si Holmes mata a sangre fría, para mí ya no es Holmes. Naturalmente, podríamos entrar a discutir si no evitar una muerte es cometerla, pero ese sería un debate interminable, que nos podría llevar, por ejemplo, a los típicos dilemas de cuántas vidas podríamos estar salvando cada uno de nosotros con acciones relativamente sencillas.

¿Qué se pierde Holmes no siendo Watson?
Podría dar una respuesta contemporizadora, pero seré sincero. No creo que Holmes se pierda gran cosa no siendo Watson. Sin duda Watson es un tipo estupendo y un compañero excelente, aunque sea como sparring o pared de fondo. Tiene muchas cualidades: es leal, valeroso, se toma con humor o paciencia, ofensas que otro no soportaría, es generoso… No le faltan cualidades, pero no creo que Holmes pudiera ser Watson (siendo al mismo tiempo Holmes de alguna manera) sin que deseara escapar cuanto antes de esa encarnación.

¿Y Watson no siendo Holmes?
Por el contrario, creo que Watson disfrutaría mucho siendo Holmes, al menos por un rato.

Usted es holmesiano y, sin embargo, admira a Baring Gould…
Baring Gould es uno de los grandes estudiosos y su Sherlock Holmes anotado es todavía hoy una obra excelente de erudición asombrosa. Pero mucha gente le ha tomado ojeriza porque no soportan que Sherlock Holmes de Baker Street - que escribió como un pastiche -  se haya convertido en una especie de Canon paralelo. Y es ciertamente un poco fastidioso que se atribuyan a Holmes cosas que tan solo son ingeniosas invenciones de Baring Gould, pero él no tiene la culpa de su éxito.

… y a Leslie Klinger
En cuanto a Klinger, también ha hecho un gran trabajo al anotar cuidadosamente de nuevo el Canon. Son obras de consulta imprescindibles, que se pueden criticar en esto o en lo otro, pero no despreciar. A no ser que el crítico se tome antes la molestia de situarse a la altura de ellos, cosa de la que pocos pueden presumir.

En su libro rescata a Raymond Smullyan autor de un texto tan único como olvidado, todo un muestrario del razonamiento holmesiano
Supongo que te refieres al libro en el que Sherlock Holmes y Watson resuelven problemas de ajedrez retrospectivo. Es un libro extraordinario, como todos los de Smullyan, a quien admiro mucho y del que he leído casi todos, excepto sus tratados de lógica más profundos, que no creo que yo pudiera entender, y algunos que persigo desde hace años, como Paseos por mi librería. Pero es también un experto en hacer la lógica entretenida y fue un gran acierto hacer que Holmes resolviera problemas de ajedrez retrospectivo, porque encaja mucho con sus métodos. En ese libro hay unas cuantas cuestiones de gran profundidad filosófica.

Acaba el libro con una “Apología de Holmes”, un guiño, un saludo muy evidente a quien es el motor del libro : Platón, el platonismo: La búsqueda de la Idea, el encuentro del Arquetipo , la traducción de la realidad (es decir,  la representación de Schopenhauer) para salir de la Caverna
Demuestra usted ser un lector muy perspicaz. Ese homenaje a Sócrates era intencionado, en efecto. Pero ahora se me ocurre que hay una comparación  interesante que se puede hacer entre Sócrates y Sherlock. De Sócrates tenemos el retrato que de él hizo su Watson o su Boswell, es decir, Platón. Sócrates ponía en duda todo lo que se decía, pero no es seguro que ofreciera una solución, quizá dejaba la cuestión en suspenso. Tal vez las soluciones, el mundo de las esencias y los arquetipos pertenecen más bien a Platón. Podemos sospechar eso porque Sócrates tuvo más de un Watson. El segundo más importante fue Jenófanes, con sus recuerdos socráticos. El tercero, entre los que se conservan, el comediógrafo Aristófanes, que nos presenta a un Sócrates tan o más extravagante que el propio Holmes. Pero resulta que Sócrates influyó en otras escuelas, como la cínica, la cirenaica, la estoica. ¡Qué hombre tan interesante debió ser! Por el contrario, de Holmes tenemos básicamente dos testimonios, el de Watson y el del propio Holmes, que narra dos de sus aventuras, cansado de las exageraciones de Watson. Y quizá con un tercer punto de vista, el de La piedra de Mazarino, contada por un narrador no identificado que no es ni Watson ni Holmes (tal vez Conan Doyle). Naturalmente, hay apócrifos y pastiches que nos proponen otros puntos de vista acerca de Holmes, pero está claro que se trata de personas que no lo conocieron, algo así como lo que Agustín de Hipona, Averroes o Plotino nos podrían decir acerca de Sócrates, Platón o Aristóteles. En cualquier caso, sería interesante haber contado con otros testimonios acerca de Sócrates (que sabemos que se escribieron pero que se han perdido) y acerca de Holmes (que tal vez nunca se escribieron).

Holmes sabe que tras los anhelos, afanes, egoísmos, generosidades… you name it, del ser humano… no hay nada.
Esta es una pregunta realmente difícil de responder.  Holmes tiene varios momentos melancólicos, en aquel episodio en el que parece casi demostrar la existencia Dios a través de la existencia de algo tan bello pero quizá innecesario como las rosas: “A mí me parece que nuestra certidumbre suprema de la bondad de la Providencia está en las flores. Todas las demás cosas: nuestras facultades, nuestras ansias, nuestro alimento, son, en realidad, necesarios para nuestra existencia en primera instancia. Pero esta rosa constituye un extra. Su aroma y su color son un embellecimiento de la vida, no condición indispensable de ella. Únicamente la bondad da más de lo obligado, y por eso digo que de las flores podemos derivar grandes esperanzas”
Es una prueba teológica de la existencia de Dios casi idéntica a la que hizo el guionista de Ladrón de bicicletas y de tantísimas maravillosas películas italianas, Cesare Zavattini, en un célebre poema:

Dios existe.
existe el coño, existe.
Sólo él podía inventar una cosa así
que les gusta a todos, a todos
en todas partes,
que piensas en él hasta cuando no piensas
y si lo tocas te cambia la cara.

El propio Holmes alerta a Watson en Estudio en escarlata de sus tardes melancólicas, y hay que suponer que es en estos momentos cuando considera que todos nuestros esfuerzos, penas, alegrías y dolores no son nada, pero creo que Holmes no es ni mucho menos un nihilista y que contribuye activamente a mejorar la sociedad, y no solo por afición a los enigmas, por ejemplo cuando está dispuesto a sacrificar su propia vida con tal de librar a la humanidad de Moriarty.

Es curioso que, como Schopenhauer, usted también cita la música como única forma de llegar más allá del Velo de Maya…
Sí, y me temo que no puedo comentar nada acerca de ello.

Pensar más allá, comprender lo que los demás no perciben o ni siquiera intuyen solo puede llevar a la más absoluta soledad  y, tal vez, a la desesperación ¿ A que certezas se puede agarrar o, si lo prefiere, proteger Holmes?
A la soledad, quizás lleve ese conocimiento. A la desesperación, no necesariamente. Holmes parece disfrutar incluso en la vejez, ya como apicultor, porque siempre tiene algo que descubrir. El mundo para Holmes no es una superficie aburrida y previsible, sino un lugar en el que los enigmas, aunque es cierto que a veces como con cuentagotas, le suponen desafíos intelectuales fascinantes, que le mantienen muy entretenido. Y cuando el crimen ya no es interesante o ya no le atrae, ahí está el no menos misterioso mundo de las abejas. Lo asombroso es, más bien, que quienes no sienten esa curiosidad de Holmes (hacia lo que sea, hacia cualquier cosa) no caigan en la desesperación. Las certezas a las que se puede agarrar Holmes es ese asombro absoluto de que las cosas tengan una explicación, de que la realidad pueda ser comprendida. Ese misterio del que hablaba Chesterton: que el tren que va todos los días en dirección a la estación Victoria, en efecto aparezca una y otra vez, tras atravesar el último túnel, en la estación Victoria y no en Tanganika. Según Chesterton, en cada ocasión Dios duda dónde hacer aparecer el tren y siempre acaba decidiendo que sea en la estación Victoria, día tras día. Holmes, que a pesar del episodio de la rosa, parece no ser tan creyente como Chesterton, se maravilla aventura tras aventura de que una vez descartado lo imposible, lo que queda sea la solución del misterio.

Acabo su libro, creo que conozco mejor a Holmes y, a la vez, no acabaré de conocerle del todo ¿Y a usted le pasa  igual?
Leyendo a Holmes, lo conocí de una manera, que cambió al escribir el libro. Ahora que lo he escrito, empiezo a verlo de otra manera y creo que aprendo de mí mismo y del Holmes que presento a los lectores. Hace poco, un simpático lector mexicano hizo una recensión estupenda del libro pero dijo que en él no se enseñaba cómo ser Sherlock Holmes. Yo creo que sí, siempre y cuando recordemos lo que decía Agustín de Hipona: el maestro enseña en el sentido de señalar, muestra que se puede ir hacia allí, pero tiene que ser el alumno quien recorra el camino. Una lista de trucos para conocer lo que piensan los demás, digamos algunas estratagemas de lectura en frío, no es ser Sherlock Holmes, ni siquiera pensar como Holmes, que apenas practicó este sistema, excepto para demostrar que él también podía leer el pensamiento como Dupin.  Para pensar como Holmes hay que trabajar mucho, como lo hizo él mismo. Pocas personas habrán pasado más horas de su vida leyendo anales criminales o haciendo pruebas de laboratorio, observando cualquier signo por insignificante que parezca a primera vista, y refinando sus métodos de deducción, inducción y abducción. En el libro, creo, están las claves para ser Sherlock Holmes, pero ninguna de ellas dará gran resultado sin una práctica y dedicación constante. Como digo, yo mismo estoy aprendiendo ahora de Holmes y de mi libro, pero no creo que llegue a convertirme en Holmes, porque no aspiro a convertirme en detective consultor. No es esa mi vocación.

Una entrevista de Luis de Luis Otero (Jabez Wilson) para el Círculo Holmes

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